El misterioso continente soñado en la infancia
martes 14 de abril de 2009
“Se puede decir que he sido a lo largo de mi vida más bien una viajera mental. Creo que era Karen Blixen la que decía que el viajero mental se mueve ligero de equipaje y sin barreras de ningún tipo. Yo ahora aspiro a poder vivir sobre el terreno la emoción de los encuentros insospechados, así como la percepción de los colores, aromas y sabores de nuevos territorios, aunque tenga que cargar con la mochila.”
Mabel Andreu tuvo que esperar a la edad del "júbilo" para hacer realidad alguna de sus fantasías juveniles, pero al final lo consiguió. Su viaje a África le permitió revivir aquellos sueños y descubrir el escenario con el que siempre fantaseó. Realizando su primera aproximación por el norte: Túnez, Marruecos “y, sobre todo, Egipto donde, por encima del asombro de los grandes restos arqueológicos, me impactó el Nilo y los nubios del sur”, se internó mas tarde por las extensas sabanas de Kenia y Tanzania: con sus magníficos parques naturales, abundantemente poblados de toda clase de “bichos”. Un "deja vu" en los documentales televisivos.
Al contrario de otros viajeros que recorrieron el continente como aves de paso, ella se detuvo para observar su reflejo, reencontrándose con los árboles, los cocodrilos, los peces, los hombres y las montañas soñadas en su infancia. Tras aquella primera aproximación, Mabel regresó con el precioso botín de sus sensaciones: “Lo que me llevé de ese viaje fue, sobre todo, la acogida de los niños que brotaban como hongos a los lados del camino y nos saludaban muertos de risa, como si el paso de aquel camión poblado de seres descoloridos fuera lo más divertido de la jornada”.
Su último viaje por África Occidental, de Bilbao a Guinea Bissau en furgoneta, fue, en palabras suyas, el que más se pareció a lo que ella entiende por viajar: Un dejarse llevar por los acontecimientos, sin que importe tanto la meta como el recorrido.
Compartió el viaje con un grupo bastante heterogéneo integrado por hombres: “he de reconocer que la experiencia de compartir este universo masculino me exigió dosis de tolerancia y paciencia y pronto descubrí que los temas de conversación versaban, casi exclusivamente, sobre las tres "emes": motos, motores, mujeres.
Mabel aún no ha dado el paso a la experiencia del viaje en solitario, pero como ella afirma: ”todo se andará”. Declara compartir con Ana Padrón, la "abuela viajera", la constatación de que los pequeños achaques desaparecen en cuanto te pones en movimiento. “Además, he comprobado que toda mi percepción se agudiza, la memoria se activa y el espíritu se ensancha. Así que espero tener cuerda para rato”.
En su caso, también compartiría la opinión de la viajera victoriana por África, Mary Kingsley, quien en una ocasión afirmó: “No hay niebla que dure eternamente y toda derrota que no nos haya aniquilado, hace renacer nuevas fuerzas y nos lleva a reflexionar sobre lo que en nosotros hay de indestructible”.
Enhorabuena Mabel !
Pilar Tejera
Siempre he soñado con viajar y, de manera especial a África. Creo que esta fijación me viene de la infancia, desde los once años, cuando me operaron y pasé la convalecencia enfrascada en la lectura de las novelas de Tarzán.
Mabel Andreu