Españolas y olvidadas: mujeres que hicieron historia

Sus nombres no te sonarán, pero estas mujeres españolas marcaron hitos sin precedentes en la historia. De ellas no verás ni placas ni monumentos; ni retratos oficiales ni páginas en los libros. Las hazañas de estas féminas fueron enterradas en el olvido después de tildarlas de locas o excéntricas para su época. Sin embargo, eso no debe impedirnos sacar del relato de sus logros un ejemplo pionero a seguir: no renegar de nuestra curiosidad y valentía.

Citando al periodista Manu Leguineche: “No por azar el término ‘aventura’ es del género femenino”.

Egeria, la primera gran viajera

Mientras el Imperio Romano de Occidente se desmoronaba y el cristianismo se extendía con fuerza, una monja, sacada de los recónditos lugares entre Hispania y Gallaecia, decidió emprender un insólito viaje hacia los Santos Lugares. Egeria inicio su periplo en el 381 d. C. que duró, según su diario, como mínimo hasta el 384. Tres largos años en los que visitó una larga lista de lugares como Constantinopla, Mesopotamia, Asia Menor, Siria o Palestina.

Egeria fue una mujer culta, curiosa y audaz; algo nada usual para la época. La Pax Romana, un largo periodo de paz forjado entre guerras e invasiones de Roma, junto con una extensa red de calzadas de 80.000 km favorecieron el viaje de esta religiosa. Su último destino conocido fue Éfeso, después del cual se pierde la pista de esta aventurera. Se desconoce dónde o cuándo murió Egeria. No obstante, ello no impidió que su audacia la convirtiera en una pionera de la peregrinación y de los viajes.

Inés Suárez, conquistadora sin fronteras

Inés Suárez nació en Plasencia, año 1507, donde trabajó durante en sus inicios como costurera. A la edad de 30 años, y en compañía de una sobrina, se embarcó rumbo a América en busca de su marido Juan de Málaga, quien había partido a Venezuela en busca de fortuna tan solo un año antes. Siguiendo su rastro, partió de Venezuela hasta Cuzco (Perú) donde conoció la noticia de su muerte. Fue el momento en el que decidió no regresar a España.

Para sobrevivir, se unió a la expedición de conquista de Pedro de Valdivia, con quien entabló relaciones primero de amistad y más tarde amorosas a lo largo del territorio chileno. Aunque en un principio sus papeles en las huestes se redujeron al de criada y enfermera, la lucha contra los indios mapuches hizo que destacara sus dotes como soldado y estratega. Varios cronistas cuentan que Inés tuvo tanto ímpetu como crueldad en sus hazañas, haciendo que se decapitase a los indígenas prisioneros para amedrentar a los atacantes.

En sus últimos años, Inés Suárez fue premiada por el rey con tierras y una encomienda por el rey, cruzó el desierto de Atacama y participó en la defensa de Santiago de Chile, ciudad de la que fue gobernadora al casarse con el capitán Rodrigo de Quiroga.

Isabel Barreto, la primera mujer almirante

Aunque nació en Pontevedra, en 1567, siendo niña se trasladó con su familia al Virreinato de Perú, donde se casó con el navegante Álvaro de Mendaña. Su origen nobiliario y una rica educación le permitieron codearse en entornos que originalmente estaban restringidos para las mujeres.

Su hazaña no comienza el 16 de junio de 1595, al zarpar junto a su marido desde el puerto de El Callao (Perú) hacia una expedición con cuatro navíos y más de 350 personas a bordo. ¿Su destino? La búsqueda de las Islas Salomón, donde creían que se encontraba un reino de oro y piedras preciosas. Por suerte o desventura, durante la travesía su esposo Álvaro de Mendaña falleció a causa de malaria. Antes de morir, para sorpresa y desacuerdo de muchos, nombró a a Isabel como gobernadora en tierra y almirante en el navío. Títulos que ostentaba una mujer por primera vez en la historia.

Tras diversas adversidades, motines y epidemias, Isabel Barreto consiguió llegar al Puerto de Manila en 1596. Allí fue recibida con todos los honores y condecorada por la embajada española del lugar. A pesar de que muchos la retrataron como una mujer déspota y caprichosa, lo cierto es que se tiene constancia de que fue una mujer admirable cuyo pulso no tembló ni una sola vez a la hora de impartir justicia.

Catalina de Erauso, la monja Alférez 

Doña Catalina de Erauso siempre fue una mujer de carácter pendenciero y violento. En su más tierna infancia, ingresó en un convento del que se escapó con quince años disfrazada de hombre, sentando una rebeldía hasta entonces inusitada. Catalina pasó años vagabundeando por distintas ciudades españolas con una identidad falsa y, vestida de labriego, se hacía llamar con nombres masculinos.

En Sanlúcar de Barrameda, decidió embarcarse rumbo a América y, después de desempeñar varios oficios, se enroló en el ejército español, combatiendo en Perú y Chile. Su manejo de las armas y su maestría en el combate le permitió llegar a ostentar el cargo de alférez. Catalina no dejó nunca de participar en refriegas y batallas. En un duelo llegó incluso a matar a su propio hermano, Miguel, quien descubrió su parentesco segundos antes de morir. Finalmente fue detenida, en 1623, declarada culpable y condenada a morir. Fue el momento en el que, tras casi 20 años de clandestinidad, destapó su secreto.

La fama de Catalina se expandió entonces como la pólvora. Así, el mismísimo monarca Felipe IV quiso conocerla en un encuentro tras el cual le permitió que siguiera llevando su atuendo masculino. Más tarde, en Roma, el papa Urbano VIII la recibió y ratificó el permiso del rey español de que vistiera como un hombre.

Emilia Serrano, periodista y corresponsal

Emilia Serrano García (o de Wilson) fue una periodista, escritora y poeta nacida en Granada en 1843. Educada en París, destacó por ser una joven precoz que dominaba varios idiomas y poseía una gran cultura. Viajó por toda América, desde Canadá hasta la Pataogonia, durante 30 largos años, dejando por escrito testimonio de de sus apasionantes viajes.

Fundadora y directora de varias publicaciones en La Habana, Lima o México, sus relatos nos transportan a travesías por el Istmo de Panamá o a rutas por las cumbres de los Andes a lomos de una mula. Emilia es considerada como una de las figuras femeninas más brillantes de las Letras españolas de la segunda mitad del siglo XX.

Eva Canel, una voz inmortal

La escritora y periodista asturiana Eva Canel también recorrió Sudamérica. Primero para reunirse con su marido, quien había sido desterrado por la publicación de un panfleto censurado en la revista satírica La broma, del que era director. Y, más tarde, para impartir conferencias a lo largo del continente, viajando por Uruguay, Buenos Aires, Bolivia, Cuba, México, Chile, Perú, Panamá, Brasil… Allá donde fuera, llenaba todos los auditorios.

Conservadora en su vida personal y gran amiga de Emilia Serrano, los textos de esta escritora nos muestran una visión abierta y amena de sus rutas, como la descripción del paisanaje del vapor Aconcagua de la Compañía inglesa de Pacífico en Cosas del otro mundo: viajes, historias y cuentos americanos. Una mujer que, de este modo, consigue aunar su espíritu aventurero con el periodismo como medio de vida.

Eva Canel rompió los moldes sociales de la época. Su valor para viajar le aportó grandes conocimientos de los lugares y culturas que visitó y fue configurando una personalidad propia mezcla de libertad y tradicionalismo. Tuvo que esperar a ser reconocida como escritora, pues hubo momentos en que se le acusó incluso de plagio o se atribuyeron sus escritos a su marido. Incluso su nacionalidad fue puesta en entredicho.

Autora: Natalia Gómez

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