May Sheldom: la reina del Kilimanjaro en el S XIX

“¿Valió la pena todo aquello? Tras un examen profundo de lo que ocurrió, del tiempo, el dinero y la energía gastados, y, sobre todo, de aquel dolor inhumano que me exigió mucho más valor que todo lo que había precedido y todo lo que ocurriría después, puedo contestar sin sombra de duda: si valió la pena”.

May Sheldom viajó a África en 1891. Mitad turista, mitad exploradora, con sus dos pistolas al cinto, su arrogancia, su ingenuidad y temeridad, fue el contrapunto trágico-cómico de la era de los grandes descubrimientos, inmortalizando su papel de turista americano con complejo de explorador. Veinte años antes de que Karen Blixen pisara las faldas del Kilimanjaro, ella trepó por sus cumbres y fue llevada en hombros por los masai. Cuando llegó el momento no perdonó ni una, dio muestras de ser una experta negociadora, planificó, organizó y llevó a cabo su objetivo y aunque fueron discutidos sus métodos para mantener a raya a los porteadores, consiguió con éxito lo que se propuso: “Finalmente, sin derramamiento de sangre, con tan solo la pérdida de un hombre que resultó devorado por un león y con la atmósfera de compañerismo que acompañó en todo momento la expedición, tuve el privilegio de atravesar un territorio habitado por treinta y cinco tribus africanas regresando a la costa con todos mis porteadores y dejando tras de mi un logro que muy pocos habrían considerado posible llevar a cabo”, escribió en su obra “Sultán to Sultán” que fue publicada a su regreso, en 1892.

May Sheldon organizó varias exposiciones con los objetos traídos de África, tanto en Inglaterra como en Chicago, que le valieron varias medallas. Mas tarde fue elegida miembro de la Real Sociedad Geográfica de Gran Bretaña y miembro de varias asociaciones antropológicas. Solo veintidós mujeres habían sido invitadas hasta la fecha por la Real Sociedad Geográfica de Londres. May regresó al continente negro en 1895 aceptando una invitación del monarca belga Leopoldo II, para llevar a cabo un estudio de las poblaciones del Congo. Sin embargo, fuertemente impactada por las condiciones de vida de los trabajadores de las plantaciones, prefirió centrar sus esfuerzos en mejorarlas. Cuando en 1914 estalló la guerra del Congo, se hallaba recogiendo donativos para la Cruz Roja belga. Esto, junto a sus aportaciones sobre los pueblos nativos le valdrían el título de caballero de la Orden de la Corona de Bélgica. A su regreso aún sacó tiempo para realizar cuatro viajes a distintas partes del mundo. Finalmente, tras una vida llena de azares y aventuras, de haber sobrevivido a la disentería y a las fiebres, murió de anciana en Londres el 10 de febrero de 1936.

Pilar Written by:

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