Testimonio viajero: rumbo al sol naciente

¿Has leído a Tanizaki? Un amante de un día me regaló el “Elogio de las sombras”. Fue una noche de destierro de la que, al día siguiente, solamente quedaron las risas y el libro que me llevé en el bolso.

Este hombre no  prometió nada, no hacía falta. En su casa,  los libros y las revistas culturales estaban apilados en el suelo, como a mí me gusta. Horas antes había sido soez y maleducado y yo lo llamé gilipollas.

Lo había conocido esa misma noche en un bar. No me interesaba la conversación. Fui despiadada con su corazón y él muy generoso con mi carne.  Tanizaki destacaba en amarillo y negro como lectura junto a la cama y mis ojos quedaron prendados del título que hacía solamente unos días me había recomendado mi librera,  cuando le dije que iba a viajar a Japón.

Me acompañó desnudo a la puerta.   ¿Ya te vas?,  me preguntó y me pareció desconcertado.  Yo no quería conversación ni conocer el corazón de aquel hombre. Quería salir de allí.

Le pedí el libro prestado y él me lo regaló. Sentí un alivio inmenso. Volví a mi casa  sola, con los tacones de palmo bien calzados en los pies y el refugio de la noche.

Tanizaki  me introdujo en su belleza y desde entonces no hago más que buscarme en mis sombras.

He escrito algo odioso  y  una tormenta de guasaps y comentarios me ha azotado  en vena. Que es indigno de mí, me dicen. Bórralo. Me sé indigna y lo disfrazo de vergüenza como un pirata que oculta la vileza de su botín.  Impropia, vil, porfiada, maldita, me reconozco en todos los pecados. Palpo en mi propia sombra toda la oscuridad de la que soy capaz y resuelvo que es en la noche más oscura donde  podemos observar más estrellas. Donde hay sombra, ha de haber luz. Es en las rendijas donde hallamos consuelo. Ante una puerta cerrada, la luz que apenas nos roza los pies, parece un milagro de esperanza.

Recibo en mi correo el itinerario del viaje que, sin duda alguna, apruebo: Tokio, Nikko, Hakone vía Kamakura, Miyajima, Kumno Kodo, Kumano Hongu Taisham, Sanzan, cascadas de Nachi, gargantas de Dorokyo, Tanabe, Kawayu, Yunomize, Wataze, Isumo. Leo el nombre de todos los lugares que vamos a visitar y,  en el calendario, trazo el perfil de una serpiente que me conduce de un templo a un hotel, a una cabaña en mitad de un arrozal imponente donde pasar la noche más noble. Solamente, digo: no voy a dormir en un hotel cápsula. Imposible. Es como estar muerta. De niña me daba miedo estar viva y que me creyesen muerta, mi peor pesadilla era estar presa en una nevera, viva pero muerta, el pálpito de una sombra oculta a la luz.

Soy codiciosa y pido dos noches en el Hyatt de Tokio, quizás porque ya antes de partir me siento tan lost in translation.  Si tengo que perderme, definitivamente, que sea en el lujo y con vistas.

Observo el rojo círculo de la bandera de mi destino impreso en papel de arroz y me pregunto cuántos imperios caben en uno solo, cuántas sombras en una sola persona. ¿Puede contener tanto aliento un sol rojo? ¿Puedo ser ese blanco inmaculado que lo acuna un folio impecable sobre el que escribir de nuevo todas las miserias que dejo atrás? ¿Es este el viaje de mi vida o es uno más de los tantos viajes de mi vida?

Me dicen que no hay otro alojamiento en Koyasan que no sea un templo y casi doy un salto de alegría: los monjes tienen wi-fi, televisión con pantalla plana y, sobre todo,  tienen un onsen y clases de escritura antigua. Puede que escriba mi nombre en una superficie distinta. Si no me muero ahora, lo hago luego. Digo que qué bien, que pernoctar en el templo me parece más que bien aunque sea para probar, o sobre todo por probar, el onsen del templo.

Busco en internet imágenes y estoy que me desmayo imaginándome en esos sitios: extensiones de verde infinito, cumbres de nieve en primavera perpetua, lagos de sólida intensidad azul, caminos donde el polvo se acumula desde hace mil años y huellas pequeñas, tan pequeñas como los pies humanos, en la inmediata negritud de la roca nunca hoyada.

He recuperado del interior de una caja polvorienta una guía del viaje a Japón que nunca pude hacer hace veinte años. En los tiempos de la velocidad y la inmediatez que todo lo cambia cuando no miras,  me sorprende que el monte Fuji siga en el mismo sitio, según el mapa.

En la pantalla veo que los cerezos en flor son todavía reclamo turístico y me pregunto qué es lo que permanece y qué lo que cambia, dónde anidan las respuestas a las preguntas, cuándo nuestras preguntas cambian.

A veces tengo certezas que el tiempo y la razón modifican. A veces tengo miedos que ni las horas ni la conversación contestan. El itinerario de nuestro viaje me parece un consuelo: sé dónde voy a estar qué día, cuándo volver, cómo llegar a todos mis destinos y qué calzar.

En casa,  los almendros florecen antes de que Japón alumbre las cerezas y, todos los días, el sol se alza en Japón antes que en España. ¿Es el tiempo un recurso o es una excusa?

Una vez abierta la caja de los truenos a ver quién los mete otra vez dentro, me digo. Este juego en el que me he embarcado empieza a antojárseme una suerte de aventura. Las primeras sombras del día,  apenas se yerguen sobre las cosas, describen siluetas limpias y redondas que proporcionan alivio, sin embargo, a medida que avanzan las horas, las sombras se estiran, modifican su recorrido, se retuercen y deforman. No estoy segura de querer mirarme tan adentro.

Apago la luz y me voy a la cama, ahíta de miedos que se saldan cuando pongo varias alarmas para asegurarme de que mi sueño intranquilo no me impedirá llegar a tiempo al aeropuerto.

Llego al embarque de madrugada, con el pasaporte en la mano y el corazón en la boca. Veo amanecer en el avión. Nubes naïf se extienden espesas como un círculo de yema cruda y me parece un cuento imposible, una fotografía hortera de enamorados sin experiencia. Pestañeo varias veces y aparto de mí todo aquello que no sea ese horizonte que despierta, pienso que, ángel o diablo,  soy yo quien pone rumbo a su propio sol naciente.

“RENDIJAS”- AUTORA: Empar Isabel Bosch

Ganadora  VIII Premio Internacional Relatos Mujeres Viajeras

 

Pilar Written by:

One Comment

  1. Maria
    15 junio, 2017
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    Bestial!!

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