Jane Dieulafoy: arqueóloga y pistolera

Hoy rescatamos la fitura de Jane Dieulafoy (1851-1916), que recorrió El Cáucaso, Ispahan, Chiraz y Mesopotamia

Casada con un oficial destinado por el gobierno francés como ingeniero a algunas regiones de Persia para restaurar importantes edificios, la francesa Jane Dieulafoy protagonizó a principios de la década de los ochenta catorce meses de aventuras y excavaciones arqueológicas en el Cáucaso, Ispahan, Chiraz y Mesopotamia. Lo hizo a caballo, vestida de hombre, con el pelo corto, ocultando su condición de mujer con sus botas de montar, un gorro colonial y la carabina automática que colgaba a su espalda junto a su cámara de fotos. Jane aprovechó la misión que tenía encomendada su marido para retratar importantes yacimientos arqueológicos de la Persia aqueménida que permanecían inexplorados. Con algunos conocimientos rudimentarios del persa, (lengua que acabaría dominando) y provista de un equipo de fotografía, se las ingenió para salvar los obstáculos que dificultaban el acceso a la mayoría de aquellos monumentos vetados a los infieles. Durante mas de un año se dedicó a retratar de forma precisa mezquitas, palacios y ruinas aqueménidas.

El resultado fue una rigurosa descripción de la cultura persa a través de las cúpulas, los pórticos y patios ricamente adornados que inventarió. Pero por encima de las viejas piedras, de los recuerdos del pasado histórico de aquel fabuloso país que con tanta pasión y erudición supo evocar, Jane se sirvió de su cámara para introducirse en la intimidad de las gentes y legar un retrato preciso de los usos y costumbres de los persas, una enciclopedia viva de la antigua Persia.

Todo despertó su interés: la administración del imperio, el comercio en los bazares, el clima religioso, político y social, las fiestas populares, los trabajos en los campos, y la vida cotidiana de los lugares vetados a la mirada extranjera, siendo una de las primeras europeas en introducirse en la noche de los serrallos de Teherán o Chiraz y recoger las confidencias de sus mujeres. Tras este primer viaje, regresó a Persia en 1884 donde llevó a cabo un estudio sistemático del Palacio de Darío y fotografió numerosas mezquitas, tumbas, palacios y ruinas de la antigüedad islámica. Regresó con trescientas cajas repletas de tesoros que engrosaron los fondos del Louvre, entre los que se encuentra el famoso Friso de los Arqueros. Humanista y etnógrafa adelantada a su época, se zambulló de lleno en la cultura persa, convirtiéndose en una experta en el arte aqueménida. Después de sus dos viajes, dedicó parte de su vida a escribir y dar conferencias en distintos países de Europa. Sus dos obras: Une amazone en Orient: Du Caucase à Persépolis y L’orient sous le voile: De Chiraz à Bagdad, siguen constituyendo una enciclopedia viva de la antigua Persia.

Aquí teneis un interesante artículo: www.culturamas.es

Pilar Written by:

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