Mary Kingsley: Viajera por el África Occidental

Nacionalidad: Británica

Periodo: 1857-1912

Zonas recorrdas: África Occidental

Primer viaje: Sierra Leona, Liberia, Costa de Oro, Benin, Camerún y Angola, el congo Belga el Congo Francés y Gabón.

2ª viaje: Sierra Leona, Costa de Oro, en el Golfo de Guinea, el Delta del Níger, Congo Francés, Camerún.

“Sigo escuchando los sonidos que amenizaban aquellas noches: el de los peces al saltar, el chasquido rápido de una clase de cangrejos, el suave murmullo de los árboles y de cuando en cuando, los inquietantes quejidos de los cocodrilos”. Mary Kingsley

Hace mas de cien años Mary Kingsley inventó el turismo de aventura. El rafting, el treking y la escalada no tuvieron secretos para esta plusmarquista victoriana y para demostrarlo eligió las selvas, las cumbres y los ríos del África Occidental, a donde viajó en dos ocasiones. Nacida en Octubre de 1862 en Londres, Mary Kingsley realizó su primer viaje a África en 1893 en agosto de 1893 donde permaneció hasta enero del siguiente año. Tocada con su inseparable sombrero floreado y su sombrilla, y equipada con un puñado de abalorios, algo de algodón y tabaco para intercambiar por comida o cobijo, así como un montón de frascos para recoger peces e insectos y unos pantalones de su hermano, ocultos bajo su largo vestido victoriano, desembarcó en la actual Angola  y se lanzó a su particular aventura por las selvas del África Tropical. En su viaje de ida tocó Sierra Leona, Liberia, Costa de Oro, Benin, Camerún y Angola, y a su regreso, anduvo por el Estado Libre del Congo, el triste escenario de las tropelías del rey belga Leopoldo II contra la población indígena, se internó por el Congo Francés, recaló en lo que actualmente es Gabón, visitó la colonia alemana de Camerún, y tras pasar una temporada en el protectorado británico de Calabar, se dirigió a Sierra Leona donde embarcó para regresar a casa.

En Diciembre d 1894 regresó a África Occidental, llegando a las costas de Sierra Leona en enero de 1895. Anduvo por la Costa de Oro, en el Golfo de Guinea, se adentró por el Delta del Níger, y conoció a su compatriota Mary Slessor, que llevaba 18 años trabajando como misionera, recorrió el curso del río Ogowé, en el Congo Francés, siguiendo los pasos del explorador Pietro di Brazza, y acompañada de sus inseparables frascos y de su también inseparable entusiasmo, convivió con los antropófagos Fang, con quienes compartió aventuras a pie a bordo de piraguas y sobreviviendo a base de plátanos, mandioca y tapioca en agotadoras jornadas por la jungla. “Se que los fang, se han comido a algún que otro blanco, – escribió- mas me parece que su canibalismo no nos tiene a los blancos por plato precisamente exquisito, sino de simple necesidad, como recurso cuando no hay otras viandas, o cuando el blanco ha dejado de ser tonto porque se ha creído muy listo”. Antes de regresar a Inglaterra se internó por territorio Gabón y escaló el Mungo Mah Lobeh, la gran montaña del Camerún de 4.000 m. llamada por los nativos “el Trono del Trueno”, estando a punto de culminar la ascensión de su cima.

En 1897 se publicó la recopilación de sus escritos sobre sus viajes a África “Travels in West Africa”, cuyas 750 páginas se convirtieron en todo un best seller. Su aventura, que fue catalogada de insólita, la permitió compartir mesa con personalidades del mundo de la exploración, entre otros Stanley, y el propio Kipling no dudó en aclamarla como la mujer más valiente que había conocido. West African Studies y The Story of West Africa, siguieron a su anterior obra, recibiendo también una calurosa acogida.

Años después, en 1899, Mary Kingsley regresó a África. Viajó a la Ciudad del Cabo para trabajar como enfermera cuidando de los prisioneros boers tomados por los ingleses. Allí contrajo fiebres tifoideas. Cuando supo que su enfermedad era irreversible pidió que la dejaran sola. El 3 de junio de 1900 murió a punto de cumplir los treinta y ocho años. Su cuerpo fue arrojado al mar atendiendo a su última voluntad. “Ojalá la fortuna me depare durante muchos más años la maravilla de seguir pasando noches y más noches en el África occidental. La verdad es que para ser feliz no preciso más que una canoa, un río y una noche en el África occidental. Nada, absolutamente nada, me ha resultado jamás tan placentero como algo así de simple”, escribió una vez. Hoy, mas de un siglo después de su muerte, un millar de rincones africanos se siguen disputando el recuerdo de Mary Kingsley. El humor al servicio de la emoción. Esta fue la máxima con la que Mary Kingsley hizo de sus viajes por el África Occidental un continuo disfrute.

Su historia en el libro Viajeras de Leyenda

Pilar Written by:

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