Viajeras victorianas: maravillosas pioneras

Viajeras victorianas, maravillosas pioneras de las trotamundos actuales. “Su sexo y su entendimiento las hacen ineptas para la exploración y este tipo de trotamundos femeninos es uno de los mayores horrores de este fin de siglo XIX”, declaraba Lord Curzon desde su silla en la Real Sociedad Geográfica de Londres en el siglo XIX, sin embargo la mujer siguió afrontando los supuestos peligros que acechaban en las regiones más remotas del planeta, para ofrecer una nueva perspectiva del mundo. Deseosas de oler guisos extraños, dirigieron su atención a los espacios abiertos y muchas regresaron con el valioso botín de sus diarios o el relato de sus vivencias, a veces adversas, pero nunca estériles.

vicjaeras victorianas en una visita turística“Mis amigos intentaron en vano disuadirme de mi propósito dibujando con los colores mas realistas las dificultades que esperaban en aquellas regiones cuestionando si tendría la fortaleza física y mental para afrontar los peligros, las enfermedades, el clima, el ataque de los insectos o la mala alimentación, etc. El hecho de que una mujer pudiera aventurarse a solas y sin protección a recorrer el mundo, cruzando mares y montañas, era considerado absurdo”, escribió la viajera austriaca Ida Pfeiffer, una ama de casa que tras haber cumplido los 50 años dio la vuelta al mundo dos veces sola y sin dinero.

Turista victorianaMuchas otras compartieron la curiosidad geográfica de Ida Pfeiffer. La escritora sueca Frederika Bremen tuvo una vida agitada no solo por su trabajo como escritora y experta italianista (fue autora de la traducción al sueco de La Divina Comedia), sino por la energía que destinó a la causa feminista. Aun así se las compuso para viajar durante dos ininterrumpidos años por América. Habiéndole cogido gusto a los viajes, entre 1856 y 1861 recorrió Suiza, Italia y Palestina y sus experiencias viajeras, recogidas en las obras: Life in the New World, Life in the Old World, inspiraron a una nueva generación de señoras dispuestas a cruzar las fronteras del mundo.

“Las damas de Melbourne me consideran una especie de curiosidad por vivir en una zona despoblada al norte del país. Sienten un manifiesto temor ante la sola idea de llevar la vida que llevo y aún se sorprenden mas cuando les digo que a mi eso es precisamente lo que me gusta” , afirmó Lady Thomson a mediados de siglo.

viajeras victoriansa haciendo turismoMuchas de aquellas mujeres rechazaron propuestas que hubieran hecho su existencia algo mas fácil o segura, pero la seguridad y su idea de libertad era una dicotomía difícilmente conciliable.

Lucy Atkinson, que dio a luz en los desiertos nevados de Siberia en su tienda entre los indígenas, puso a su hijo el nombre de la montaña bajo la que vino al mundo. Viajó con él durante dos años, atándole a su silla de montar o a la de su esposo, bañándole en agua helada y dándole de comer lo que encontraba, feliz por educarle como a un kalmuk, indiferente tanto al frío como al trote el caballo. Y en su obra Recollections of Tartar Steppes and their inhabitants -1863”, dejó muy claro que la experiencia mereció la pena: “Qué placer y que emoción no saber jamás dónde cenarás por la noche; estar siempre al acecho del mejor campamento; dudar acerca de la ruta a seguir para encontrar agua. Si estás en la estepa y un promontorio aparece en el horizonte, ¡qué maravilloso resulta el galope!. Todas estas escenas me volvían a la mente y repito que hubiese preferido vivir diez veces los sufrimientos pasados antes que marcharme de este mundo sin haberlos vivido.”

Otra de las que pensaban que el distanciamiento y la incomunicación era lo que convertía un destino en edén, fue Florence Dixie quien afirmó: “¿Qué tiene de atractivo perderse por un lugar perdido y apartado del resto del mundo? Precisamente, porque está perdido y apartado del resto del mundo es por lo que yo lo elijo”. A pesar de sus aristocráticas raíces, esta autora de varias obras y defensora de los derechos femeninos, fue una entusiasta de la aventura toda su vida. Arrastró a su esposo, a sus dos hermanos y a un amigo a una expedición por Patagonia con la que culminaron un viaje pionero en las expediciones australes, un viaje sin precedentes en el que tuvieron que cazar para alimentarse y sobrevivir a las bajas temperaturas al dormir cada noche al raso.

turista victoriana en una excursiónEn cuanto a Mary Lester, que se perdió a caballo por las montañas de Honduras en 1881 y Mrs Alfred Hort, que sintiendo la llamada de Nicaragua decidió aventurarse por aquel país, eran de las que opinaban que estudiar las vidas y costumbres de otras gentes está muy bien, sobre todo si se hace a solas, dejando en casa a la familia. Algo parecido opinaba Helen Josephine Sanborn (1857-1927). Nacida en Maine, (EE.UU), tras perderse sola por Centro América en tren, en canoa, en mula y a pie, esta americana acabó siendo una embajadora de la lengua hispánica. Dedicó gran parte de su vida a poyar el idioma y la cultura española en diversas instituciones y fue una de las pioneras en la creación del Instituto Internacional en Madrid, institución dirigida a ayudar a las mujeres americanas a aprender el español que aún sigue funcionando.

“Las mujeres comienzan a ser una plaga en los viajes y las exploraciones difícil de combatir”, escribió un periodista de The Times cuando, en diciembre de 1892 Isabela Bird se convirtió en la primera mujer admitida como miembro de la Real Sociedad Geográfica de Londres. Esta escocesa para quien los viajes fueron un bálsamo a su precaria salud, dedicó toda su vida a recorrer el mundo. Con un tumor fibroso en la espina dorsal que la provocaba terribles jaquecas, insomnio y depresión, halló en los viajes el remedio a sus males. Recorrió a caballo las islas Sándwich (actual archipiélago de Hawai) y el salvaje Oeste Americano. Exploró los rincones más remotos de Japón, China y Malasia, cruzó el desierto del Sinaí y los Himalayas y se perdió por Persia y Kurdistán donde los bandidos la asaltaron varias veces. A sus 69 años, sintiendo de nuevo la llamada de la aventura, realizó su última gran hazaña recorriendo el Atlas de Marruecos a lomos de un caballo regalado por el propio sultán. “Los viajes le dan a uno el privilegio de hacer las cosas más impropias con total impunidad”, afirmó.

Constance Gordon Cumming  viajó por el puro placer de cambiar de escenario aunque siempre iba acompañada de un caballete y unos pinceles. Esta escocesa nacida en 1837 realizó su primer viaje a los 31 años tras recibir una invitación para visitarla en India. Pasó allí dos largos años y luego siguieron Ceilán, las Fidji, Tahití, Hawai y Samoa en un navío de guerra francés. Constance Cumming, que fue la encarnación del viajero despreocupado y tuvo la fortuna de descubrir lo que era la vida vista bajo una constante movilización, dejó un recuerdo de sus aventuras en diversos libros.

Otra fue Marianne North, quien pasó 20 años pintando las plantas de medio mundo. Nada escapó a sus pinceles: el desierto de Arizona, los bosques de Brasil y Ceilán, las montañas de Chile y Australia, las selvas de Tasmania, Nueva Zelanda o las Seychelles, o los volcanes de Malasia y Hawai. Charles Darwin no cejó hasta que fueron presentados y Francis Galgon, Secretario Marianne North pintando Honorario de la Real Sociedad Geográfica de Londres, fue un admirador incondicional de esta viajera que demostró al mundo que bajo la ley marcial de los lujos de Europa uno se pierde el chiste de la vida. Para la inglesa Margaret Fountaine, que empleó la mayor parte de su vida en viajar, las mariposas resultaron un pretexto tan bueno como cualquier otro para cambiar de escenario. “Viajar me produce gran placer. Me gusta la idea de recorrer el mundo y acostumbrarme a los usos y costumbres de otras gentes” escribió en 1889 tras realizar su primer viaje con 27 años.

Atraídas por la Zoología, la Botánica o la Geografía se lanzaron a recorrer el mundo y a veces obtuvieron el fruto del reconocimiento científico. Elizabeth Taylor, (1836-1932) no la actriz, claro, sino una pintora aficionada a la botánica y los viajes, fue una de ellas. Interesada por el estudio de las regiones mas frías, recorrió Alaska, Islandia, Canadá, Escocia, Noruega y las Islas Faroe en las últimas décadas del siglo XIX. Autora de varios libros de viajes, en 1908 fue incluida por el gobierno de los Estados Unidos en la lista de las más reconocidas exploradoras de las regiones árticas de América. Botánica autodidacta y aficionada a la pesca y la zoología, descubrió algunas plantas que aún llevan su nombre. Durante la Primera Guerra Mundial se quedó aislada en las islas Faroe, donde según parece ejerció una vital influencia en el pintor Niels Kruse. Al igual que su coetánea Mary Kingsley, colaboró con algunas instituciones científicas, como el Museo Americano de Historia Natural o el Smithsonian, pero lo que le atrajo sobre todo fue escribir sobre la cultura, la vida familiar y el folklore de los lugares que recorrió.

A todas ellas, nuestra enhorabuena… sois maravillosas

bibliografía: VIAJERAS DE LEYENDA, Ediciones Casiopea

 

 

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Pilar Written by:

One Comment

  1. Maria
    9 junio, 2017
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    Bueniiisimo
    Gracias por compartir estas historias
    María Benavente

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